25 de diciembre por la mañana, mi asombro cuando debajo del arbol encuentro una caja, bastante pesada, la cual al abrir, descubro que es, una videocamara Sony Handycam. Esto creo que ha sido cosa de mi nena, a la cual quiero un monton.








La victoria madridista en el Camp Nou recuerda inevitablemente al triunfo del Barcelona en el Bernabéu hace dos años, el 19 de noviembre de 2005, cuando se confirmó la liquidación de la época galáctica y la perversión de un modelo de satén y sin sostén. Aquel día, mientras el Madrid inició el camino de la purificación, el Barcelona, cegado por el brillo y quizá por la admiración secreta, repitió los pasos que su enemigo desandaba. El peor pecado del Barcelona y su presidente ha sido no darse por aludidos, copiar el lujo y olvidar los valores, las raíces, lo invisible. Su gran error ha sido, en definitiva, imitar lo peor del Madrid.
El resultado es que el héroe de aquel partido de hace dos temporadas, Ronaldinho, es ahora el villano del Barça, el símbolo de todo lo malo, el tapón de una generación y de una ilusión. Ayer quedó cruelmente claro, abucheos incluidos, y sólo se entiende que Rijkaard lo mantuviera en el campo si pretendía demostrar precisamente eso, su triste final. Acertó el entrenador si fue un sacrificio a los dioses de la grada, los que devoran los corazones.
La otra consecuencia de ese viaje en sentido contrario es que el Real Madrid ha construido un equipo que crece según lo miras. Desde los valores primitivos, el esfuerzo y el honor, Capello, primero, y Schuster, después, han formado un grupo que tiene la textura de las rocas y los destellos de un diamante.
Para resumir se podría decir que todo es mejor de lo que pensábamos. Empezando por Schuster, al que le suponíamos más simpático y peor entrenador. Y siguiendo por Pepe, un central fabuloso, homérico. Si su rendimiento estaba siendo altísimo en los últimos partidos, anoche completó una exhibición memorable. No es sólo un defensa rápido, seguro, con fútbol y con sentido de la anticipaci además es un central que ataca a la moral de los delanteros, que acaban por sentirse alevines y por parecer llorosos, lastimados.
Pero el mérito fundamental no ha sido el descubrimiento, sino provocar la coincidencia. Baptista, Robinho, Diarra o Sneijder se aproximan por fin a nuestras expectativas y a su precio. Hasta Cannavaro se ha unido a la inspiración general. Por no mencionar a Heinze, del que no esperábamos tanta influencia argentina. Si a esa irrupción sumas los seguros de vida, me refiero a los jugadores eternos (Casillas, Raúl, Van Nistelrooy, Ramos), el resultado es un equipo que lo tiene todo. Ayer, al menos, lo tuvo.
Planteamiento. De inicio se reconocieron las fortalezas de uno y las debilidades del otro. Mientras Schuster apostó por el equipo de los últimos encuentros, con Guti en el banquillo, Rijkaard dio entrada en el once a Ronaldinho y Deco, que se habían entrenado con los suplentes durante la semana.
La consecuencia es que los compromisos institucionales maniataron al Barcelona. Con Iniesta y Xavi exiliados a las bandas, el equipo no encontraba ni salida ni balón. Touré estaba sobrepasado y Deco fuera de ajuste. Sin centro del campo, el Barça chocaba con el Madrid como las olas contra el espigón.
Entre las aportaciones de Schuster se cuenta un compromiso general en defensa que convierte al equipo en una zarza en movimiento. Después, capturado el balón, el siguiente trámite se resuelve como una centella, en un par de pases. De esa forma, el centro del campo se ahorra el trabajo engorroso de masticar la jugada. Por eso no se echaron en falta arquitectos en el Camp Nou.
Sobre esas bases discurrieron los primeros 25 minutos: el Barcelona atascado en la creación y el Madrid pendiente del robo. Tan encorsetado estaba el juego que el único acercamiento con peligro lo protagonizó Pepe, al cabecear una falta que sacó Sneijder.
Media hora tardó Rijkaard en comprender que se movía con los brazos atados a la espalda. Entonces, liberó a Iniesta. Y, de pronto, cambió el Barça. Un pase suyo dejó a Etoo en boca de gol y en manos de Casillas. El rechace lo controló el propio Iniesta, que vio cómo Iker no aceptaba ningún engaño y le arrebataba el balón en el último instante.
El partido del Barcelona se disputó durante esos minutos y, especialmente, en la siguiente jugada: Iniesta penetró por la derecha y, una vez en la caldera, centró hacia el punto de la penalti. Etoo no llegó, pero sí lo hizo Ronaldinho, que chutó con todo el interior y toda la intención, cruzado, asesino. Casillas la volvió a escupir. Se confirma: Santa Claus es él.
Golpe. La respuesta del Madrid fue un grito en la trompa de Eustaquio. Raúl tocó de cabeza, Baptista se apoyó en Van Nistelrooy y este le devolvió sin dejar caer la pelota, de modo que, en tres toques, el Madrid había avanzado 30 metros. A la altura de la frontal, La Bestia enganchó la pelota a bote pronto y con el exterior del pie. La metió por la escuadra lejana. Fue un gol de gigante.
En la segunda mitad el Barcelona insistió en lo mismo, pero la lucha era desigual: Iniesta contra el Madrid. El manchego lo intentó de todas las maneras, pero no encontró nada, ni siquiera un buen desmarque. Cada vez que se acercó a Ronaldinho buscando un socio la situación fue ruborizante, porque sólo halló el cartel de un anuncio de natillas.
Entretanto, el Madrid ya había crecido varios centímetros. Aunque el resultado todavía era incierto, su superioridad era aplastante. De hecho, en cada contragolpe daba la impresión de que se abriría la vía de una goleada. Robinho tuvo la sentencia en sus botas, después de una pared con Baptista, y también la rondó Van Nistelrooy, que disparó fuera.
El partido estaba tan inclinado hacia el Madrid que ganaba hasta los choques individuales. Raúl se estrelló con Puyol y el barcelonista rodó por el césped, malherido. Cada patada a Baptista pasaba por un puntapié a un bisonte. La diferencia física era abismal y la psíquica, abisal.
La entrada de Giovani mejoró algo al Barça y la de Bojan, un poco más. Pero no resultó suficiente para luchar contra una tendencia que empieza siendo deportiva y acaba siendo espiritual. En el último asedio, Pepe despejó con el tacón un remate de Giovani que se colaba.
El Madrid invadió el Camp Nou como esos Papá Noel que cuelgan estos días de las ventanas, con regalos o carbón, según.
Resumen del Partido




Fuente Diario As
Fue algo así como el día de Cataluña en el Bernabéu. ¡Qué risa y qué fútbol! A los catorce minutos, Xavi sacó un córner, lo peinó Cesc entre los tallos suecos y Capdevila lo pasaportó a la red con su pierna mala, la derecha. Xavi es de Terrassa; Cesc, de Arenys de Mar, y el goleador, de Tárrega, ese Capdevila que estuvo en los tres goles y que se ha adueñado de uno de los puestos más discutidos del equipo: el lateral zurdo. Tres catalanes pusieron patas arriba el Bernabéu, que llegó al éxtasis cuando entre Xavi y Capdevila se la pusieron a Iniesta para el 2-0. ¡El gran hombre de Albacete apareció para recordarnos que Castilla-La Mancha también existe! Bueno, con lo que a él le queda de fútbol existirá por los siglos de los siglos. Porque si echábamos de menos un líder, ahí está él, el Príncipe Andrés de Fuentealbilla. ¡Qué baile, qué fútbol!
Total, que pese a lo mucho que ha llovido a lo largo de esta fase de clasificación, a España le sobró una jornada para asegurarse su presencia en la fase final de Austria-Suiza, en junio de 2008. Y lo hizo con un baile a Suecia de los que hacen época en unos primeros 45 minutos de puro arte, hasta el punto que el Bernabéu regaló ¡olés! a mansalva al equipo de Luis. Asumido ya que el estilo de este grupo de futbolistas es el tiqui-taca en su versión más pura, está permitido soñar. Si el Mundial nos dejó un sabor agridulce, pero la certeza de que la apuesta por los pequeños era la buena, este 'rush' final de clasificación para el Europeo confirma que hay futbolistas y todo pinta que va a haber resultados. El primero en convencerse es Luis, o sea el más importante. Aquella derrota ante Francia (3-1) sin Albelda le convenció de que jamás jugaría sin Albelda, lo que le llevó a un cierto extravío. Afortunadamente duró poco: puede jugar Albelda, cómo no, pero rodeado de los que son y est técnicamente, la mejor Selección española en muchísimo tiempo.
Porque delante estuvo Suecia, que sí, viste de amarillo, pero no es Brasil, vale. Pero tampoco Letonia y así. Era Suecia, líder del grupo hasta ayer, y ojito porque el 3-0 y la victoria de Irlanda sobre los daneses la deja pendiente de la última jornada: si le gana a Letonia, clasifica. Pero si perdiera e Irlanda nos ganara en Las Palmas, los clasificados serían el increíble Healy y los suyos. No pudo aspirar a nada más el equipo sueco anoche porque cuando hubo que establecer diferencias, de entrada, España las marcó de manera abismal. No, no hay selecciones con futbolistas como los que pueblan el centro del campo español, que además de un juego mayestático han inventado el fútbol-hipnosis: la tocan y la tocan tanto que el rival acaba adormeciéndose y entonces, ¡zás!, está perdido. Toque como se debe. Masticando, pero en vertical. Tocando, pero no en plan parabrisas, a un lado y al otro, sino con la intención y la vista puesta en el área rival. Le ha costado al equipo, a éste y a otros que le precedieron, pero ya por fin sí podemos decir que España tiene estilo. Y por muchos años.
Decía el seleccionador sueco la víspera que el segundo gol de España en Dinamarca era indefendible, aquella maravilla de toque y precisión que culminó Sergio Ramos. El segundo de ayer fue casi un calco. 45 toques en 47 segundos, ocho futbolistas en acción (todos menos Villa, Marchena y Cesc) y una definición galáctica de Iniesta mandando cerca de la escuadra, y con la derecha, el envío final de Capdevila. Fue el momento cumbre de la noche, el acabóse, el rugido de un estadio que vivió la definitiva reconciliación de la gente con su Selección. Seis goles a uno a Dinamarca y Suecia en dos partidos; un set memorable y un partido extraño para Casillas en su Bernabéu: la primera vez que intentaron tirarle a puerta corría el minuto 85. ¡Le parecería mentira!
Dos sistemas. Lo bordó España y con dos maneras de moverse sobre el campo, además. La primera, con el 4-2-3-1 que parece será el sistema nacional en adelante. Puestos a buscarle tres pies al gato, seguimos esperando la súper versión de Cesc, la del Arsenal, ese futbolista total que no ha alcanzado ese tono en la Roja. Pero colabora, claro, en el tejer y destejer de un equipo que lo tiene claro: tenga yo la pelota y corra el adversario. Tiene a su lado a dos devoradores del 'tempo' con tanta inteligencia como Xavi e Iniesta, más Silva, y eso parece cohibirle. Pero le da al equipo ese tono diferente. Le costará llegar al primer gol, pero todo es cuestión de pura paciencia. Porque ese control hipnótico le asegura al equipo escasos sustos atrás. El temido Ibrahimovic pasó por el Bernabéu sin pena ni gloria; en su consuelo estará la certeza de que no hay ariete en el mundo capaz de brillar si sus lanzadores se ven tan superados como les pasó ayer a Ljungberg y compañía. Tocando y tocando, España hizo dos goles en la primera mitad y Villa mandó un tiro de falta al poste. Todo entre una superioridad manifiesta, que nos hizo recordar otros ejemplos de partidos entre equipos en los que uno parecía un peso pesado y el otro, a lo sumo un welter.
Tras el descanso Luis quiso evitar riesgos a Villa e Iniesta. El Guaje, pues sale de una lesi Andrés, porque tiene un tobillo chunguillo. Eso le llevó a poner a Tamudo (cambio hombre por hombre con Villa) y a Joaquín, que se fue a su banda derecha y entonces jugó el equipo con dos extremos; él y Silva y luego Riera. No fue la segunda mitad el baile de la primera, pero la superioridad española continuó siendo manifiesta y la remachó el tercer tanto, de Sergio Ramos, que decidió hacerle la competencia a Capdevila. ¡Andalucía al poder, sí señor! Y ese detalle: dos de los tres goles fueron obra de nuestros laterales, demarcación fundamental en el fútbol moderno y más en esta apuesta española. Con mediocampistas que tienen tanto la pelota, que los laterales suban con generosidad es un arma añadida, un desahogo tremendo pensando, además, que tanto Villa como Tamudo son autónomos de sí mismos y prefieren jugar solos arriba, buscándose la vida que les llega desde atrás. ¿Qué pasará con Torres? Esa es una buena pregunta para cuando llegue la fase final: habrá que quitar un creador o el Niño chupará banquillo. ¡Ah! En las Palmas jugará Güiza, con lo que cobrará los 300.000 euros que pactó con el Mallorca que le darían si llegaba a la internacionalidad.
Fue, en fin, el partido soñado para una clasificación que se cantaba desde el 1-3 de Aarhus y mucho más: clasificar en estos grupos donde pasan los dos primeros es casi obligatorio; a la cita seria y final no faltará ninguno de los grandes de Europa. Otra cosa es cómo se clasifica uno. Rateando o a lo grande, como hizo España anoche. Lo que replantea el eterno debate entre juego y resultados. No le den más vueltas: el equipo que juega bien, tiene buenos resultados la inmensa mayoría de ocasiones. España empezó mal el torneo, pero se enderezó hasta brindar estos dos últimos partidos, uno fuera, otro en casa, que nos refuerzan lo evidente: cuando un equipo es capaz de imponer su personalidad y su estilo, lo de menos es el escenario. España se agiganta y esto ya es un clamor: ¡Opa, opa, opa, viva la Eurocopa!
(Nota final: apreciado Luis Aragonés, muchas felicidades y haga usted borrón y cuenta nueva. No habría derecho alguno en el mundo que le permitiera, a usted y a nadie, emborronar esta felicidad. Gracias)

la nueva apuesta de ficción nacional de Cuatro, cuenta la historia de un grupo de treintañerosinfancia con el grupo musical Gominolas. marcados por el enorme éxito cosechado en su
A raíz de la muerte de uno de sus componentes, aquellos niños se reencuentran, 20 años después, convertidos en unos auténticos “juguetes rotos”. Juntos intentarán rehacer sus vidas, marcados por la fama perdida.
Entre el panel de actores se encuentran: Fernando Tejero ( Aqui no hay quien viva, el penalti mas largo del mundo ),Arturo Vals ( Caiga quien caiga, Camera Cafe ), Lluís Homar ( Los Borgia o La ciudad de los prodigios ) y Kira Miro ( Crimen ferpecto, Isi & Disi, alto voltaje ).


El Valencia fue un desastre desde el comienzo. Un equipo sin orden, sin concentración, con despistes constantes, justo lo contrario que suele ser. El principal enemigo estaba en casa. La defensa comandada por Albiol y Helguera hizo gala de un nerviosismo impropio, con pérdidas continuas y otorgando numerosas facilidades al rival. El gol de Raúl, a los 44 segundos tras pase de Robinho, no hizo más que acrecentar el desquiciamiento local. El Valencia se convirtió en un conjunto sin rumbo, desorganizado, donde casi nadie cumplía su función correctamente, a excepción de Hildebrand, que con sus intervenciones salvó a su equipo de un par de tantos antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora. Salvo el guardameta todo era extraño en el conjunto de Mestalla. El mejor ejemplo de la desesperación local, y tan sólo se llevaban unos minutos, era Silva, que dejaba dos recaditos a Guti en sendas acciones impropias del canario.
Y el Madrid seguía a lo suyo, sin demasiados alardes, no eran necesarios. El Valencia era como una pista de aterrizaje, perfectamente iluminada indicando el destino al rival. Sólo había que seguir las señales. En la mayoría de las ocasiones, sólo hacía falta un balón en largo con algo de precisión para volver loca a la pésima defensa 'che'. El espectáculo futbolístico de los de casa era realmente deplorable. Y todavía quedaba lo peor. A partir del minuto 25, en el que llegó el segundo madridista, obra de Van Nistelrooy, vimos a un Madrid que, haciendo valer las palabras de su 'mister' durante la semana, hizo lo que quiso con su rival. Y la reacción de los locales no llegaba.
Se fueron sucediendo los goles, y según subían al marcador, el Valencia comenzaba a dar lástima. Por muchos motivos, pero sobretodo porque nunca es agradable ver a un grande sufrir del modo que lo estaba haciendo. Tras los tantos de Ramos (bellísimo, a lo Carlos Alberto) y el segundo de Van Nistelrooy, Mestalla se adelantó un día a la festividad de todos los santos y se convirtió en un cementerio. Incluso comenzaban a abandonar el estadio los primeros aficionados, indignados no por lo abultado de la derrota, que también, sino por lo merecido de esta. Y aún quedaba la segunda parte.
Robinho completa la manita
La segunda parte tuvo mucho menos historia. El Madrid saltó al campo con la relajación lógica en estos casos. Le bastaba con dejar correr el reloj. La ventaja era amplísima y no era necesario ahondar más en la herida local. Una presión contenida y una ralentización del juego fueron las consecuencias en el cuadro visitante. El Valencia por su parte lo intentaba, y lo hacía con la fe que no había tenido en la primera mitad. Joaquín por su banda era el principal estilete de los de Óscar Fernández, y en sus botas comenzó el tanto de la esperanza para los valencianistas, obra de Angulo tras un buen control y un mejor remate.
Durante unos minutos, muy poquitos, el Valencia dio la impresión, escasa, de poder animar el choque. La remontada era una odisea, pero al menos limpiar un poco su imagen. Pero esa impresión se esfumó pronto. Tan pronto como llegó la reacción merengue. El Real Madrid no quería sorpresas inesperadas e innecesarias y adelantó líneas, volvió a realizar la presión agobiante que se había visto en la primera parte y a tocar. De ese modo llegó el quinto, obra de Robinho. El brasileño sigue rindiendo a un gran nivel tras su 'retiro' brasileño. Pronto alguien pedirá vacaciones pagadas para toda la plantilla en Copacabana.
Parecía que ese sería el final del encuentro, pero la debacle valencianista parecía no tener fin en la noche de hoy. Rebasado ya el minuto 80 de encuentro, Albiol derriba a Robinho siendo el último hombre y tomaba de inmediato el camino a los vestuarios. La inferioridad en si era poco importante en el día de hoy, pero no si pensamos en los próximos compromisos y en las bajas que padece la plantilla valencianista. El pitido final dio rienda suelta a las iras de la grada, que se dirigían principalmente al palco ya que no tenían la figura de Quique en el banco. A partir de mañana comienza una nueva etapa en Valencia, y como suele suceder en fútbol, lo hace en condiciones dramáticas. Koeman se encontrará un equipo roto, en crisis, con jugadores desorientados, abatidos y necesitados de una dosis de autoestima. Le deseamos suerte.